¿Porqué no puedo aceptar los cambios?

Si estás buscando consejos simplistas que prometen resultados en 7 días, te has equivocado de artículo, aquí te hablo de ciencia. Si sigues leyendo quiere decir que eres de los míos/as así que empezamos. 

La gran mayoría de personas de este planeta tierra siente, piensa, habla, en definitiva, vive. En consulta, muchas personas vienen diciendo: “quiero aceptar que no puedo cambiarlo todo pero no puedo”. Es cierto que a veces podemos anticipar ciertos eventos y, en muchas otras ocasiones, simplemente ocurren inesperadamente. No obstante, en lo que sí podemos estar de acuerdo todas/os es que nos encanta poder controlar nuestro entorno. En realidad, en la época de las cavernas y, también, en la actualidad, es adaptativo. ¿Porqué?  La estabilidad nos tranquiliza y da la sensación de que podemos manejar nuestro entorno, pero como siempre os digo…en su justa medida ya que la incertidumbre está a la orden del día. En este artículo, os hablaré de la otra cara de la moneda de la aceptación,  la rigidez psicológica.

¿Qué es la rigidez psicológica?

Hablamos de rigidez cuando adoptamos una serie de reglas (propias de cada una/o de nosotras/os) como por ejemplo: “no debería sentirme ansiosa/o cuando hablo de mi trabajo con Pepito “. Estas reglas las queremos seguir a rajatabla en múltiples situaciones aunque no resulte posible y nos haga sentir peor.

¿Qué ocurre cuando actuamos de la mano de la rigidez?

Empezamos a evitar las emociones y pensamientos desagradables cuando vivimos una situación difícil y, también, cuando la recordamos. La evitación no se ve reflejada solamente con el no querer sentirse de una cierta manera, sino también, con la distracción, preocupación, jornadas de trabajo interminables, etc. ¿Con qué objetivo? Evitar ese dolor que tanto nos desagrada. Todo esto se torna problemático cuando lo repites una y otra vez. Evitando nuestras emociones, no estamos escuchándolas y no aprendemos nada de ellas.

¿Porqué seguimos adoptando la rigidez si sabemos que no nos conviene?

El ser humano odia sufrir y, por tanto, evita a toda costa las sensaciones desagradables. ¿Qué hacemos ante esto? Buscar soluciones aunque, si nos parásemos a reflexionar, veríamos que no son demasiado útiles, más bien, perjudiciales. No obstante, seguimos haciendo “lo de siempre”, seguir esas reglas rígidas que requieren poco esfuerzo y evitamos lo que nos genera malestar.

¿Qué consecuencias tiene caminar de la mano de la rigidez?

Acabas tratando las experiencias, el sufrimiento, tus emociones como si de un problema se trataran y los cuales debes erradicar para tener bienestar. En realidad, se trata la vida como si fuese un obstáculo en lugar de un viaje en constante cambio. Evitar estas emociones o recuerdos de situaciones no hace que el dolor desaparezca, se enmascara y acaba intensificándose.

Entonces, ¿qué hacer si soy de las/os que dicen “quiero aceptar que no puedo cambiarlo todo”?

Ya estás dando un gran paso leyendo sobre este artículo e sintiéndote identificado/a , así que te doy mi enhorabuena. Sin embargo, conviene recordar que aquí no hay tips ni consejos simplistas, es un proceso de aprendizaje. Yo también estoy aprendiendo a aceptar que no puedo cambiarlo todo, es humano y por ser psicóloga no me libro de este aprendizaje. En definitiva, consiste en aceptar tus emociones y pensamientos (esto no quiere decir que te resignes y no actúes), sino que los aceptes tal y como son sin dejar que lleven el timón de tu barco. En próximos artículos, te hablaré más de la flexibilidad cognitiva, de momento, tienes este artículo para saber un poco más.

Yo mando sobre mí, soy como el bambú: flexible y a la vez fuerte. Lo externo me mueve, pero no tumba.

Walter Riso

Recursos para ampliar información sobre este tema:

El libro “Una mente liberada” de Steven C. Hayes, es una maravilla, me encantó y hay muchos ejemplos que clarifican los conceptos.

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