No soy mis pensamientos, ¿y tú?

Desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos, nuestra mente nos envía mensajitos constantemente… qué cansina ¿verdad? Estos mensajes son nuestros pensamientos y son de todo tipo, positivos, evasivos, derrotistas… y, sí, hay que vivir con ellos. Durante esta lectura hay una idea que quiero que quede clara, NO ERES TUS PENSAMIENTOS, eres mucho más.  En este post, veremos cómo convivir con nuestros pensamientos y cómo domarlos para que no nos hagan la vida imposible.

Si no somos lo que pensamos, ¿qué somos?

Es evidente ¿no? somos seres humanos. Lo que conlleva que somos complejos ya que hay muchos factores que interactúan en cómo nos comportamos, sentimos y pensamos. Nos hemos criado en un entorno social en el cual desde que somos pequeños se nos ha enseñado que lo que pensamos, sentimos, decimos o hacemos es nuestra responsabilidad, lógico ¿no? pero cuidado porque no es del todo así con los pensamientos.

No todo lo que pensamos es verdad, conviene que destaquemos que lo que pensamos viene y va, no está en nuestro control. Cuando son positivos, convivir con ellos es muy sencillo pero cuando llega ese pensamiento que nos dice “lo vas a hacer fatal en la charla”, ahí es cuando caemos en un hoyo del que es difícil salir. Pero tengo buenas noticias, cuando decides no involucrarte con tus pensamientos, te das cuenta de que no todos te definen ni son ciertos.

¿Qué hacer para distanciarnos de nuestros pensamientos?

Vamos a llevar a cabo estrategias de defusión ( es decir, de distanciamiento). Consiste en aceptar lo que pensamos (que no es lo mismo que validarlo y tomarlo como cierto), es ser conscientes de que son nuestros y están ahí. Pensemos que nuestra mente sólo quiere protegernos y ante las situaciones cotidianas se pone en lo mejor y también en lo peor. Son situaciones probables, que no quiere decir que vayan a ocurrir, pero si es una opción.

Lo dicho, cuando aparezcan, aceptémoslos y lo más importante, no dialogues con ellos, dale las gracias por aparecer pero no les des valor, déjalos estar.

Por último, haremos lo que se denomina prueba de realidad. Para estar seguros de que no son señales importantes, ante estos pensamientos buscaremos situaciones que avalan lo que estamos pensando. Seremos mini científicos verificando si nuestras hipótesis se avalan o no. Si no hay pruebas, despídete de ellos, sin rencor, dales gracias por haberte avisado de un posible peligro. Los pensamientos no se controlan, se gestionan.

Tras estos pequeños ejercicios que generan grandes cambios en tu bienestar emocional, deja de preocuparte para ocuparte en el momento presente, el pasado es algo que no podemos cambiar y el futuro es incierto… de momento no tenemos acceso a la bola de cristal.

La vida es muy simple pero nos empeñamos en hacerla difícil, Confucio.

Andrea Martínez Pellicer

Agradecimientos a 72kilos por este maravilloso dibujo, si, tienes razón, cuando ves venir a tus pensamientos y no conversas con ellos, todo sale mejor.

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