El silencio, mi gran miedo.

Los ruidos de la calle, la música, las conversaciones de los que nos rodean…vivimos en mundo sobreestimulante. ¿Cuántas veces has hablado de más? ¿Cuántas ocasiones, has continuado parloteando por miedo a quedarte en silencio? A mí, también me ha pasado, que no cunda el pánico. Yo también he caído en la trampa, me he sumergido en tareas que no eran significativas para mi y sometido a pensamientos que me anclaban en el pasado o en el futuro. ¡Suéltalo! , estás a tiempo. En este artículo te voy a acompañar en este camino y juntas/os vamos a entender al silencio y reconciliarnos con él.

¿ A qué me refiero cuando hablo de “silencio”?

Hay múltiples tipos de silencios, os voy a relatar algunos de ellos. Ese momento de pausa que te permite reflexionar en una conversación. Ese silencio que le dedicas a alguien cuando no hay palabras que puedan expresar como te sientes y lo haces mediante gestos o expresiones faciales. Ese silencio que nace de un momento de soledad encontrada tras un día complicado. Hablamos de silencios constructivos, forman parte de nuestro día a día. A partir de ahora te animo a que los identifiques y los saborees.

¿Cuál es su poder ?

En una conversación, el silencio es una herramienta para que la conversación fluya, remarcar algo o matizarlo. En otras ocasiones, es una manera de evitar conflictos, el silencio disipa la ira y la tensión que va en aumento.

Te permite encontrarte contigo mismo/a. La falta de estimulación favorece que focalices tu atención en ti. Permítete este momento. Elige un lugar placentero y tranquilo, permanece en silencio unos minutos y observa el poder sanador del mismo. Es un ejercicio de reflexión y autodescubrimiento.

Te brinda la oportunidad de reiniciarte. En nuestra rutina, estamos expuestos a una estimulación constante, esto nos genera una fatiga mental y emocional que cargamos a cuestas. Desde que nos levantamos le hacemos frente a muchas actividades y conflictos que dejan poco espacio para el silencio. Aprovecha ese momento de silencio para respirar y frenar el ritmo. No te dejes intimidar por los momentos de calma, no intentes rellenarlos con tareas, respira.

Vivimos en la cultura del ruido, no le damos un significado que le dote de importancia. Quiero recalcar que el silencio no equivale a la ausencia. Al contrario, muestra reflexión, respeto y apoyo. Te estarás preguntando, ¿por dónde empezar? El primer paso ya lo has dado leyendo este artículo, el siguiente será la vivencia de tu primer silencio. Para mi fue una  experiencia mágica, tranquila y reconfortante. ¿Cómo fue el tuyo?

Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras, William Shakespeare.

Andrea Martínez Pellicer

Agradecimientos a 72kilos por acariciarnos el alma con su dibujos llenos de sentimiento.

Deja un comentario